Dabid Lazkanoiturburu
Nazioartean espezializatutako erredaktorea / Redactor especializado en internacional

La protesta digital da fuego a la clase política y al Nepal posrevolucionario

Las protestas juveniles y su represión sangrienta (25 muertos) se han convertido en un «¡que se vayan todos!» los políticos, desde el PC marxista-leninista hasta los herederos de la guerrilla maoísta. Les hacen responsables de la inestabilidad política y la corrupción rampante en Nepal.

El Parlamento nepalí, en llamas.
El Parlamento nepalí, en llamas. (Prabin RANABHAT | AFP)

Poco imaginaba el Gobierno -y la clase política nepalí- la que se le venía encima cuando ordenó hace casi una semana el bloqueo de 26 plataformas de redes sociales, entre ellas Facebook, Instagram, X y WhatsApp, en nombre de la «soberanía nacional» y por su «impacto negativo en la sociedad».

El bloqueo, que buscaba silenciar campañas de denuncia de la corrupción rampante en el país, sacó a la calle a miles de jóvenes de la «Generación Z», la de los nacidos entre 1997 y 2012. Y el Ejecutivo optó por la represión, matando hasta ahora a al menos 25 jóvenes en la capital, Katmandú, e hiriendo a más de 300 personas.

La violenta respuesta policial no ha servido más que para acrecentar la ira de unos jóvenes que no habían nacido o eran unos niños cuando Nepal vivió una insurrección armada maoísta y una revuelta nacional que acabó en 2008 con más de 200 años de tiránica monarquía hinduista y, tras un proceso de paz, se convirtió en una república federal.

Desde entonces, tres partidos han dominado la escena política: el histórico Partido del Congreso Nepalí (socialdemócrata), el Partido Comunista de Nepal (CPN-UML), todavía formalmente marxista-leninista, y el Centro Maoísta (CM), heredero del Partido Comunista Unificado de Nepal, que lideró la insurrección guerrillera maoísta (1996-2006).

INESTABILIDAD Y CORRUPCIÓN

Desde entonces, la inestabilidad y la corrupción han sido la constante en la política nepalí. Ni los dos primeros partidos, que participaron en el régimen monárquico hasta que este dio un golpe y asumió todo el poder en 2005 en nombre de la lucha contra los maoístas, ni estos últimos, premiados al principio por no haber colaborado nunca con la cleptocracia real, han sido capaces de dar estabilidad al nuevo régimen.

Ni las diversas coaliciones entre ellos, y con fuerzas regionales, ni la corta fusión entre maoístas y marxistas-leninistas en un nuevo partido, frustrada finalmente por el hiperliderazgo de sus dirigentes, han servido para nada.

Ayer dimitíó el primer ministro, Sharma Oli, el Partido Comunista de Nepal, y su casa fue incendiada. Lo mismo había pasado con ministros, sedes y viviendas de políticos del Partido del Congreso y de la formación maoísta, cuyo líder y comandante guerrillero, Pusppa Kamal Dahal, Pachandra, fue destituido de su cargo de primer ministro en 2024 cuando su téorico aliado y camarada, Sharma Oli , le traicionó aprovechando el penúltimo escándalo de corrupción en el país, aquella vez en torno a la industria nacional del té. Rajyalaxmi Chitrakar, mujer de otro ex primer ministro, Jhalanath Khanal, murió ayer abrasada en su casa.

Cientos de manifestantes irrumpieron e incendiaron el Parlamento. Los soldados asistieron pasivos.

Los monarcas nepalíes ríen desde sus ricas tumbas.



A caballo entre el gigante chino y la emergente India

El país himalayo está situado en una encrucijada donde pugnan la influencia, política y económica china, y las viejas relaciones históricas y religiosas con India, una potencia económicamente emergente.

Esta pugna tiene su correlato en los partidos. El del Congreso es proindio. El maoísta, contra lo que se podría colegir, mantiene un pragmatismo y equidistancia con las dos potencias asiáticas. El comunista marxisa-leninista, del dimitido primer ministro, es prochino y antiindio. Su Gobierno llegó a un acuerdo con TikTok para levantar su prohibición, reivindica territorios en disputa con India en la región de Kalapani y ha provocado a Nueva Delhi ofreciendo contratos hidroeléctricos a China y a Bangladesh.

Por contra, las coaliciones entre maoístas y «congresista» han defendido políticas panhinduístas.

India pidió «moderación y diálogo» a las partes.