The Saints

The Saints ponen fin a su épica trayectoria con “Long March Through the Jazz Age”, un trabajo con el que se cierra un capítulo fundamental en la historia del rock australiano y, muy especialmente, de su carismático líder Chris Bailey -en la imagen-. Publicado casi tres años después de su fallecimiento, este álbum no es un lanzamiento más, sino una última misiva, un testimonio consciente y emocionante de un artista que nunca dejó de avanzar.
Formados en Brisbane en 1973, The Saints irrumpieron con fuerza en la escena con su single “(I’m) Stranded” en 1976, anticipando el punk incluso antes que muchas de las bandas británicas más famosas. A lo largo de más de cuatro décadas, su línea musical fue una de las más eclécticas del rock moderno: desde la furia primitiva del punk hasta pasajes de folk, rock y americana, sin perder nunca el hilo lírico que caracterizaba a Bailey.
“Long March Through the Jazz Age” se gestó en los Church Street Studios de Sydney a finales de 2018, cuando Bailey y el veterano batería Pete Wilkinson regresaron desde Europa para reunirse con el guitarrista e ingeniero Sean Carey -antiguo colaborador de la banda-. A estas sesiones se sumó Davey Lane -conocido por su trabajo con la banda You Am I- y un grupo cuidadosamente elegido de jóvenes músicos de cuerdas, metales y teclados, aportando un matiz expansivo al sonido que marca el disco.
El título del álbum, que se traduce como “La Larga Marcha a través de la Era del Jazz”, evoca tanto una travesía histórica como una metáfora del propio recorrido artístico de Bailey: una marcha sostenida frente a los excesos, fugacidades y contradicciones del mundo moderno. Esa dualidad entre lo antiguo y lo contemporáneo, lo crudo y lo sereno, atraviesa todo el trabajo.
La apertura con “Empires (Sometimes We Fall)” es un claro ejemplo de esta síntesis sonora y emocional: guitarras de aire western y una letra que resume su filosofía vital -«a veces nos elevamos, a veces caemos»- dan paso a un álbum que respira con amplitud, mezclando espíritu punk y atmósferas más reflexivas y cinematográficas.
Temas como “Judas” -con el aporte de doce cuerdas que otorga calidez y melancolía- y “Gasoline”, con su guiño a un country-rock que recuerda a los Rolling Stones en “Exile on Main St.”, muestran la amplitud estilística del disco y la valentía de Bailey para explorar territorios ajenos a cualquier encasillamiento. Otros cortes, como el que da nombre al álbum, se sostienen con una intensidad poética singular: la trompeta melancólica y la voz distintiva de Bailey imprimen a la pieza una profundidad especial. Es esta voz, ahora más profunda y amplia, la que narra un recorrido vital, no la del joven rebelde que desafió las convenciones, sino la de un narrador que mira atrás sin nostalgia derrotista y con sabiduría y franqueza.
Es un álbum de despedida que coincide con el que habría sido el 69º cumpleaños de Baile y reafirma su legado, el de un creador inquebrantable, un iconoclasta del rock que supo desafiar géneros y expectativas.
Tyler Ballgame
El debut de Tyler Ballgame, “For the First Time, Again”, es un estimulante recordatorio de lo poderosas que pueden ser las grandes canciones cuando están interpretadas por un vocalista dotado: capaces de emocionar, cautivar e inspirar. Producido por Jonathan Rado (Foxygen, The Lemon Twigs, Weyes Blood) y Ryan Pollie (Los Angeles Police Department), son 12 canciones finamente elaboradas, arraigadas en el rock clásico, el indie y la americana. Sus letras perspicaces -y a menudo provocadoras- y las melodías contagiosas arrastran a historias tan cercanas como distintas. Un álbum en el que Ballgame y su talentoso círculo de compañeros músicos ofrecen con entusiasmo canciones que llenan al oyente de esperanza.

«Siempre me he inclinado del lado del pobre, del humilde, del que sufre. Ahí he estado, sigo estando y estaré»

La muerte y el círculo, piedras y fuego

Zenbat irabazi, hura jan

El archivo fotográfico de Eustaquio Berriochoa en la guerra del Rif

