
Diego Lerman recrea en ‘El hombre que amaba los platos voladores’ la historia de José de Zer, periodista de la televisión argentina que en la década de los 80 se hizo famoso por su serie de reportajes sobre un supuesto avistamiento alienígena. La película de Lerman ficciona esta historia y arranca cuando el periodista recibe la visita de dos personajes misteriosos que lo invitan a La Candelaria (en la provincia argentina de Córdoba) para informar sobre la aparición de un pastizal quemado en los cerros que sugiere la visita de seres extraterrestres.
Visto que no hay mucho sobre lo que informar, el reportero se dedicará a construir pruebas que evidencien la existencia de vida extraterrestre, hasta el extremo de llegar a poner en peligro su vida, mientras se empeña en autoconvencerse de que lo que hace es «en honor a la verdad». Por supuesto, acabará creyéndose sus propias mentiras y arrastrando a los lugareños a una serie de sinsentidos.
En la rueda de prensa posterior a su presentación en Zinemaldia, Lerman ha narrado que José de Zer es «una persona muy conocida, casi mitológica» en Argentina, y que en la provincia de Córdoba existe «mucha mitología alrededor de los platos voladores. José –ha proseguido– tiene que ver con la creación de las fake news: él era un creador de ficción, estaba en mitad de la montaña y tenía que contar historias con muy pocos recursos». Ha añadido que su película está relacionada con las creencias, «desde lo religioso a los platos voladores o la brujería, lo que se quiera creer», pero que se trata de una película sobre una persona que persigue la verdad: «Es un personaje que busca y que termina creyendo lo que él mismo crea».
El encargado de dar vida a este histriónico periodista es Leonardo Sbaraglia. En su opinión, la película recoge el «misterio de lo que hay más allá, lo que no podemos entender, como lo que pasa cuando uno muere», y que su personaje se pregunta «qué hay entre nosotros que no podemos ver». Ha asegurado que interpretar a José fue «un desafío enorme»: «Era un escenario nuevo de búsqueda y de trabajo, también en lo personal, porque los personajes dialogan con mi vida: mi trabajo es mi vida y mi vida es mi trabajo en un gran porcentaje», ha recalcado, y que «esos papeles que interpreto en 8-10 semanas viajan conmigo durante muchísimo tiempo», por eso «hay que empezar a escuchar que hay ahí para estimularse y aprovechar a los personajes para crecer como actores».
Sobre su trabajo con Lerman, el actor argentino ha asegurado que fue «muy fácil», porque es «un director muy amoroso y respetuoso, tiene plena claridad de lo que quiere y, dentro de lo que quiere, va buscando lo mejor. A mí me encanta estar buscando un diamante, aunque este no exista. Con la imaginación se encuentra el diamante, a veces», ha destacado.
Rodaje tedioso
Director y actor también se han referido al rodaje, que se ha realizado en La Carolina, pueblo de 150 habitantes ubicado en la provincia argentina de San Luis. «Hemos prácticamente tomado un pueblo minero, detenido en el tiempo, y creo que de alguna manera les llevó luz también, posibilidades de creación de ficción, de imaginación», ha opinado Sbaraglia.
Lerman, por su parte, ha recordado que fue un rodaje «muy duro, porque nos agarró la pandemia», y porque los cambios en la política cultural argentina les obligaron a cambiar de manera de rodar hasta cuatro veces. A este respecto, ha agradecido la disposición de los habitantes de La Carolina: «Cuando diriges y mezclas actores de pueblo que nunca han actuado con profesionales, tienes que recrear un noticiero de los ochenta, los cambios... era complicado hacer confluir todo eso, pero me encanta, es mi mundo: hay algo en el echo de compartir la experiencia de cine que nutre mucho», ha reconocido.
Preguntado por el punto paródico de la película (que tiene mucho de humor), Sbaraglia ha dicho que él «nunca» se lo tomó «como una parodia», sino que lo que él veía era una persona buscando la verdad. «Como dice el ingeniero [en la película], ‘el mensaje es correcto’, y hay algo en ese discurso y en esa narración que yo me tuve que creer, como algo medio mesiánico. La película maneja temas difíciles y de cierto esoterismo, cuestiones que no podemos entender, y en ese juego tienes que entrar, pero no es un juego para nada paródico», ha opinado. Ha agregado que su personaje «va corriendo los límites de la realidad, qué es la realidad, la mentira, la locura... porque, ¿quién es el loco? O cuántos locos están en lugares muy importantes...», ha destacado. «Nosotros tenemos todos los permisos para llevar esa locura hasta donde sea inverosímil», ha cerrado.
Sbaraglia también ha contado que, cuando entrevistaron a gente que trabajó con José, «venían como defendiéndose: ‘no me van ha hacer hablar mal de José’, nos decían. Entiendo que se puedan generar memes y la gente se burle, pero todo lo que teníamos de José es que era un tipo con gran dignidad; lo aman, admiran y respetan como un tipo noble y de corazón, que consiguió sacar jugo a las piedras».

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